Cuando nos ocurre algo que nos produce dolor no podemos hacer nada por evitarlo, es duro pero a la vez no hay opciones, en esos casos podemos dejar que el dolor pase su curso
ya que en la mayoría de ocasiones tiene caducidad, podemos esperar que baje poco a poco su intensidad hasta recuperar la estabilidad.

En el caso del sufrimiento es distinto, es posible incluso que su intensidad sea menor al principio (a diferencia del dolor), y que vaya en aumento hasta un punto en el que se confunda el origen del mismo.
Depende de dónde pongamos el foco, de las vueltas que le demos y la interpretación que hagamos de la situación, de si vivimos en el pasado o en el futuro, de si imaginamos más que comprobamos y de qué nos decimos para estar mejor o peor, entre otros factores.

Tenemos muy poco que hacer con el dolor, y mucho con nuestro sufrimiento, podemos por ejemplo vivir más en el presente, no tanto en lo que pasará a partir de ahora con esa situación (ya que no lo sabemos con certeza, sólo lo imaginamos), o anclarnos en lo que pasó en el pasado con frases del tipo “-Si hubiese sucedido de otra manera…” que al no poder volver atrás en el tiempo, siguen siendo producto de nuestra imaginación, con el agravante que en ambos casos no nos permiten avanzar.

Vivir el presente nos puede ayudar a tomar consciencia de lo que sí que podemos hacer e influir para disminuir nuestro sufrimiento, e incluso de aceptar y soltar en muchos casos.
En resumen, depende en gran medida de lo que hagamos en todo este proceso para hacer que nuestro sufrimiento aumente o disminuya, tanto en intensidad como en duración.

¿Qué vas a hacer sabiendo ésto para disminuir tu sufrimiento si es lo que quieres?.
Puedes comentar y compartir si te parece bien, tus experiencias les pueden servir a muchas personas.


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joanmanel1

Joan Manel Castillo,

Coach Profesional Certificado por ASESCO, CPC Num. 11064
Máster en PNL por la AEPNL